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Este estudio de caso ha sido elaborado por
IP Australia.
http://www.ipaustralia.gov.au Los médicos de la Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth (CSIRO) dijeron que era imposible y el Consejo de Subvenciones para el Desarrollo de los Mercados de Exportación se negó a respaldarla, pero el cámara Jim Frazier siguió adelante de todos modos e inventó un nuevo objetivo que ha revolucionado la industria cinematográfica internacional. Hasta finales del decenio de los 80, Frazier filmaba reportajes de naturaleza para David Attenborough. Frustrado por las limitaciones de los objetivos disponibles en el mercado, decidió fabricar el suyo propio. “La naturaleza es implacable, no hay tiempo para montar la cámara y hacer la toma como quieres. Además, en el caso de las especies pequeñas, como los insectos y las arañas, es muy difícil enfocar el objeto y el fondo al mismo tiempo. Quería que todo saliese enfocado y necesitaba un objetivo versátil que me permitiese hacer las tomas que desease rápidamente.” “A finales de los 70, consulté a un físico de la CSIRO, que me dijo que lo que pretendía era imposible. De manera que empecé a investigar por mi cuenta y a obtener los resultados que deseaba”. “Durante los 10 años siguientes, seguí perfeccionando el objetivo y, tras muchos intentos y esfuerzos, concebí uno con gran profundidad de campo y un solo mecanismo giratorio en el extremo. Los principios ópticos para conseguirlo son muy complejos, pero comencé a obtener resultados positivos”. El nuevo objetivo tiene tres características revolucionarias, a saber: un foco para “fijarlo y olvidarse”, que abarca todo, desde lo que hay delante de la lente hasta el infinito; un extremo giratorio en la base, de manera que, sin mover la cámara, se pueda mover el objetivo en cualquier dirección, abarcando toda una esfera en caso necesario; un posicionador rotativo de la imagen incorporado, que permite rotar la imagen dentro del objetivo sin girar la cámara. Se trata de una invención brillante, y cuando Frazier comenzó a utilizarla en su trabajo no pasó desapercibida. Nadie había visto nunca imágenes de tamaña profundidad y nitidez y su trabajo era singular. En 1993, fue invitado a intervenir en Montage 93, una conferencia sobre la imagen celebrada en los Estados Unidos. Tras su intervención, el director de “En la línea de fuego”, John Bailey, y el jefe de la Sociedad Americana de Cinematografía, Victor Kemper, le pidieron que les prestase su cinta para mostrarla en Panavisión. A los pocos días, Panavisión estaba llamando a la puerta de Frazier. “Llegados a ese punto pensé que debía conseguir un abogado y Peter Leonard, un abogado de contratos internacionales de alta tecnología, que trabaja para Gilbert and Tobin en Sydney, hizo un estupendo trabajo.” “Panavision me envió un contrato estándar de tres páginas que mi abogado me aconsejó no firmar. Lo reescribió y les envió un documento de 30 páginas que no sólo protegía mi invención sino que me ayudaba a negociar un acuerdo muy sustancioso”. El contrato estaba estructurado de manera que Panavision, considerado el mejor fabricante de objetivos del mundo, no pudiese echarse atrás en ningún momento y decir que ya conocía la óptica utilizada en el objetivo. Se reunieron con Frazier en terreno neutral, en Hong Kong, y la empresa tuvo que firmar un acuerdo de confidencialidad antes de ver el objetivo. “El acuerdo consistía en que Panavision patentaría el dispositivo, corriendo con los gastos, pero yo sería el titular de la patente. Mantis Wildlife Films obtiene una determinada cantidad por cada objetivo fabricado y, cuando Panavision los alquila, un porcentaje del alquiler”. Cuando Frazier enseñó por primera vez su objetivo a Panavision, no pudieron averiguar cómo lo había hecho, pero reconocieron su valor. Con más de un millón de dólares, ésta habría sido una de las mayores patentes jamás conseguidas por Panavision, pero las ganancias siguen lloviendo a mares. Casi la mitad de los anuncios rodados en Estados Unidos utilizan el objetivo de Frazier y entre quienes hacen largometrajes son muchos los que lo llevan siempre consigo. Los beneficios para la industria cinematográfica son enormes. Aparte de las posibilidades únicas del propio objetivo, éste ha reducido considerablemente los costos de producción. Tomas que solían llevar tres días ahora sólo precisan uno porque el objetivo de Frazier ha hecho que ya no se necesiten equipos de personas que monten complicados escenarios cada vez que el director quiera un ángulo nuevo. Basta con ajustar el extremo giratorio.
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