Propiedad Industrial/Intelectual & Mercado

  Titular: Dra. Teodora ZAMUDIO
   Comisión 0400 Equipo docente

 Derecho ~ Universidad de Buenos Aires

 

 

El uso exitoso de instrumentos económicos para fomentar el uso sustentable de la Biodiversidad

Presentación
Fuentes & Referencias

G.A.T.z. Ediciones Digitales

Equipo de edición

 

 

Normativa

Jurisprudencia

Bibliografía

Modelos y Útiles

 

Seis Estudios de Caso de América Latina y el Caribe*

 

Joseph Henry VOGEL, PhD

 

Profesor de Economía. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Ecuador. Consultor, Banco InterAmericano de Desarrollo-Consejo Nacional de Desarrollo, Ecuador. Dirección en Estados Unidos: 2 Wellington Downs, Scotch Plains, NJ 07076. FAX 1 908 561 1907 josephvogel@usa.net  

 

INFORME PRELIMINAR

Documento Final

Autorizado por el Programa de Apoyo a la Biodiversidad (Biodiversity Support Program) a nombre de la Comisión Interamericana de Biodiversidad y Desarrollo Sostenible en preparación para la Cumbre de las Américas sobre Desarrollo Sustentable, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia del 6 al 8 de diciembre de 1996 Traducido por Consuelo Espinosa P.   Copyright ã 1996 by Joseph Henry Vogel publicado en Biopolicy Journal, volume 2, Paper 5 (PY97005), 1997

 

Agradecimientos

Resumen Ejecutivo

Introducción

La Irreversibilidad de la Extinción

La Inestabilidad de las Preferencias

La Alternativa Humilde para la Economía en Bancarrota

I. Existencia

II. Ecoturismo (Caso 1): Precio óptimo de entrada a parques,  Costa Rica

Ecoturismo (Caso 2):  El Parque Marino Saba, Saba, Antillas Holandesas.

III. Servicios Ambientales (Caso 3): Impuesto Ecológico sobre el Valor Agregado, IVA (O Imposto sobre Circulação de Mercadorias e Serviços Ecológico [ICMS Ecológico]) Paraná Brasil.

IV.  Agricultura Sustentable. (Caso 4): Centro Fátima, Pastaza, Ecuador.

V. Extractivismo (Caso 5): El Programa de   Conservación de Tortugas Marinas Reserva de Usos Múltiples en Barra de Santiago, El Salvador.

VI. Bioprospección (Caso 6): La imposibilidad de un caso exitoso sin un cártel.

Conclusión y Recomendaciones

Referencias

 

 

 

 

Agradecimientos

El autor quisiera agradecer a los siguientes individuos quienes leyeron y comentaron borradores anteriores de este Informe Preliminar: Rafael Calderón, Mauricio Castro, Luis Corral, John A. Dixon, Rosa Ferrín, Julio Guzmán, Cristina Hernández, Mark Kenber, Ilana Locker, Nicolás Lucas, Peter May, Ricardo Meléndez, Meg Symington, Henry Vogel. Un agradecimiento especial dirigido a los directores implicados en los estudios de caso: Ruth Arias, René Castro, Karla Ceciliano, Eunice Ester Echeverría, Wilson Loureiro, Eduardo Mansur, Jacob Olander, Maria Schultz, Medardo Tapia, Sven Wunder, y Tom van’t Hof. Las traducciones son siempre difíciles y especialmente cuando son hechas mientras el autor escribe el documento. Consuelo Espinosa (al español) y Camilo Gomides (al portugués) no solo tradujeron el texto “just in time” pero también con suficiente destreza para reconocer errores en el original que escaparon a los examinadores de habla inglesa. Los defectos que quedan en el documento son de exclusiva responsabilidad del autor. El apoyo ha sido provisto por el Biodiversity Support Program, un consorcio del World Wildlife Fund, The Nature Conservancy y The World Resources Institute, con financiamiento de la U.S. Agency of International Development. Las opiniones expresadas son del autor y no necesariamente reflejan la opinión de la U.S. Agency of International Development.

 

Resumen Ejecutivo

Introducción

La ecuación de Samuelson sobre la distribución óptima de bienes públicos es una construcción teórica para la conservación de la diversidad biológica. La implicación política de la ecuación es directa: se agregan todos los valores simultáneos generados por la diversidad biológica y se recomienda conservar los hábitats hasta que el costo de la última hectárea conservada iguale el valor agregado creciente. Sin embargo, existe un problema teórico fundamental en la metodología: las preferencias son inestables a lo largo de las generaciones humanas y cualquier recomendación basada en las preferencias actuales puede dar como resultado valores subestimados de las preferencias de las futuras generaciones. Esta deficiencia no les escapa a los conservacionistas. En la medida en que es rutinariamente ignorado, la misma teoría económica ha caído en el descrédito. Por ejemplo, el distinguido biólogo Profesor E.O. Wilson declara categóricamente que la economía contemporánea está en bancarrota.

La alternativa humilde para una economía en bancarrota reconoce la inconmensurabilidad de la diversidad biológica y mantiene la esperanza de sólo internalizar las externalidades de los hábitats protegidos. Las dimensiones físicas de estas áreas protegidas deberían ser determinadas no por criterios económicos sino por patrones seguros mínimos-el principio de precaución. Seis distintas categorías de valor pueden ser generadas simultáneamente por la conservación: existencia, ecoturismo, servicios ambientales, agricultura sustentable, extractivismo y bioprospección. Rara vez, cualquiera de estas seis será suficiente para justificar el costo de oportunidad de actividades aparentemente más rentables que exterminarán la diversidad biológica. El reto para la conservación es crear un paquete de actividades sustentables que en total puedan aliviar las presiones económicas y políticas de relajar o de abandonar los patrones seguros mínimos.

Existencia

La existencia es el valor más grande e inmediato para el financiamiento de hábitats. Este surge de la disposición de la gente a pagar simplemente para saber que existe diversidad biológica. Sin que deba sorprendernos, esta preferencia por la existencia tiene una elasticidad de ingreso positiva, es decir, mientras los ingresos aumenten, una mayor cantidad de existencia será demandada. En la mayoría de los países donde los ingresos son altos tienen poca diversidad biológica o contrariamente, los países con las más grandes diversidades biológicas son, económicamente, los más pobres. La teoría económica implica que a través del comercio de valores de existencia, los países ricos pueden financiar la existencia en países más pobres haciendo de ese modo que todas las partes se beneficien. A pesar de la elegancia de dicha lógica, cualquier aplicación es bastante enredadiza. Los mecanismos para facilitar los intercambios dependen grandemente de los códigos de impuestos y en las estructuras legales, tanto en el país donante, como en el receptor. Desde luego, la experiencia de cualquier caso exitoso no puede ser replicado en otros países y frecuentemente, ni siquiera en el mismo país en fechas posteriores. Por esto, los gobiernos deben analizar la posibilidad de capturar valores de existencia dentro de su propio marco institucional y en el de su supuesto donante.

Ecoturismo

El ecoturismo puede convertirse en una fuente significativa de ingresos y puede contribuir no sólo al financiamiento de los hábitats, sino también a la inculcación de un “perfil verde”. Costa Rica es un líder en ecoturismo y ha aplicado un acercamiento sistemático dirigido hacia el análisis de este mercado creciente. Tanto la demanda por ecoturismo, así como la provisión de sitios para este objetivo han sido estudiados cuidadosamente. En base a los datos de una encuesta y a un análisis econométrico, el gobierno ha hecho recomendaciones con respecto al precio de entrada al sistema de parques nacionales. Para ir de un precio bajo para turistas extranjeros de 1 USD al precio recomendado de 4 USD, el gobierno sintió la necesidad de establecer un precio significativamente más alto (15 USD) y luego ajustarlo hacia la baja. Esta estrategia de negociación puede ser característica de varios países donde el incremento en los precios no puede ser administrado fácilmente sin que se presente cierta resistencia. Del mismo modo, esconder el precio de entrada en el costo de paquetes turísticos puede también facilitar la aceptación. Para promover la educación ambiental entre los ciudadanos, el precio de entrada para nacionales permanece en aproximadamente 1 USD.

El éxito del parque Marino Saba se basa también en estudios cuidadosos y en un análisis riguroso de datos. Saba ha impuesto una zonificación en los alrededores del arrecife de la isla, disminuyendo de esa manera los conflictos de uso entre pescadores y buceadores. El costo de establecimiento del parque marino ha sido menor que los ingresos generados por el turismo por buceo, tan solo uno de los valores generados por el parque. Tal sustentabilidad financiera es del todo sorprendente dado el bajo precio por buceo, apenas USD 2. La preservación del arrecife ha creado también tremendos efectos multiplicadores en todo la economía general y ahora da cuenta del 10% de la producción de la isla. La teoría económica implica que cualquier activo generador de ingresos debería ser asegurado contra pérdidas y el capital natural no es distinto. Emerge una recomendación: el Parque Marino deberá aplicar un análisis de demanda para determinar el precio óptimo por buceo con el fin de generar rentas y asegurar el arrecife contra los desastres naturales inesperados, tales como un huracán devastador.

Servicios Ambientales

Una pregunta central sobre la teoría en las finanzas públicas es ¿cuándo cargar una tarifa a usuarios y cuándo recaudar impuestos? La respuesta dependerá de los costos de transacción del bien público bajo consideración y, ésta ni siquiera será la misma a lo largo del tiempo. Con los adelantos en tecnología y en organización, la tarifa a usuarios puede convertirse, en comparación con los impuestos, en más costo efectivo y más equitativo; en caso contrario, con la subida de los costos de oportunidad de los usuarios de pagar dichas tarifas, los impuestos pueden convertirse en preferibles.

El caso del Impuesto al Valor Agregado Ecológico (IVA) en Brasil es interesante porque éste no mira el lado de la demanda por servicios ambientales, es decir, la tarifa a usuarios versus impuestos, pero sí el lado de la oferta: ¿cómo se gastan los impuestos recolectados actualmente? A través de una reforma en la Constitución del Estado de Paraná, Brasil, el desembolso de los beneficios del IVA a los municipios es parcialmente determinado por los servicios ambientales rendidos. Por ejemplo, los gobiernos municipales que regulan el uso de la tierra pueden capturar una porción mayor de los ingresos del  IVA Ecológico a través de la protección de cuencas. A través del monitoreo de la calidad del agua, el gobierno de estado premia al municipio de acuerdo a su desempeño. En los primeros cuatro años del establecimiento del IVA Ecológico, aproximadamente unos 30 millones de dólares han sido distribuidos a un costo administrativo incremental de sólo 30 mil USD. Las mismas autoridades ambientales que obtuvieron este éxito en el lado de la oferta deben mirar ahora al lado de la demanda y cargar tarifas a usuarios que reflejen el uso.

Agricultura Sustentable

La transformación de los bosques en pastos ha sido la principal causa de la extinción en masa. Dado los suelos poco profundos y las fuertes lluvias, los pastos se agotan rápidamente y los hacendados buscan nuevos bosques para transformarlos en nuevos pastos. A pesar de este ciclo depresivo, existe una razón para la esperanza. Donde los fragmentos de un hábitat original permanecen en las cercanías de pastos abandonados, el bosque regresará a pesar de que lo hará con menos diversidad biológica. Este bosque secundario es apropiado generalmente para la semidomesticación de una variedad de especias nativas útiles. El reto para la agricultura sustentable es el de entender suficientemente bien las labores agrícolas y el cultivo de estas especies, para maximizar la rentabilidad de dichas haciendas sin degradar el bosque regenerado.

El Centro Fátima en la Amazonia ecuatoriana es una estación experimental dedicada al estudio de siete especies endémicas nativas útiles. Si bien la estación no es todavía auto sustentable financieramente, su objetivo es el de generar suficiente información respecto a las especies útiles de tal manera que, ésta y otras haciendas, puedan convertirse en auto sustentables financieramente. Los resultados preliminares del Centro Fátima son promisorios; bastante información biológica práctica ha sido generada y algunas especies, el tapir en particular, parece rentable. Debido a que esa información es un bien público, el cual puede incrementar grandemente la realización de la agricultura sustentable en toda la cuenca de la Amazonia, los gobiernos nacionales y las agencias multilaterales deberían subsidiar tales estaciones experimentales y deberían diseminar los resultados.

Extractivismo

El extractivismo es similar a la agricultura sustentable en tanto la población de una especie nativa está siendo manejada. La diferencia es que la agricultura sustentable también manipula muchas de las características de las especies para realzar la productividad mientras que el extractivismo se preocupa principalmente por remover una porción de la población endémica para el consumo humano.

El programa de Conservación de las Tortugas Marinas en El Salvador, ha desarrollado un proyecto de extractivismo sustentable con gran éxito. Anterior a su implementacion, casi el 100% de los huevos de tortugas estaban siendo extraídos en la Barra de Santiago. Ahora cerca del 25% de los huevos recolectados son incubados y liberados al mar. AMAR, la ONG encargada del proyecto, experimentó con diferentes planes de manejo y descubrió que un impuesto, pagable en huevos, era lo más costo efectivo. Dos docenas de huevos de tortugas de cada nido eran pagados al guardia del parque quien entierra los huevos y controla ciertas variables (p.ej., bacterias en la arena, temperatura, protección en contra depredadores) para maximizar la tasa de incubaciones. Las tortugas se prestan al extractivismo sustentable ya que ellas ponen muchos huevos y cada huevo es relativamente valioso; si bien las tortugas pueden ser ideales, la biología básica detrás del extractivismo sustentable es aplicable a todas las especies, desde tortugas hasta elefantes. AMAR esta expandiendo sus esfuerzos al ecoturismo y a la protección del bosque de manglar de la invasión de hacendados vecinos.

Bioprospección

La bioprospección ha recibido atención desproporcionada en la prensa popular como un medio para financiar la preservación de hábitats. De los seis valores que pueden generar rentas en el corto plazo, la bioprospección ocupa el último lugar. Se esperan rentas bajas por una simple razón: muchos de los químicos de interés para las empresas biotecnológicas no existen en un sólo país ni en una sóla especie, sino que están difundidos a través de ambos, países y especies. Esta predicción económica ha sido también confirmada por la experiencia. Está emergiendo una guerra de precios entre los países oferentes mientras cada país ofrece su diversidad biológica a precios cada vez más bajos: las regalías en ciertos contratos han sido tan bajas como del 0,2%. Curiosamente, el mismo argumento económico hecho para defender el monopolio de patentes sobre la biotecnología, puede ser hecho para defender un derecho oligopólico sobre la diversidad biológica. Las regalías deben ser fijadas a una tasa similar a la de otras formas de propiedad intelectual, es decir, el 15%, y las rentas deberían ser distribuidas entre los países que pudieron haber aportado el mismo químico, en proporción a los hábitats compartidos de la especies en bioprospección. Un protocolo al Convenio de Diversidad Biológica puede ser el mecanismo apropiado para institucionalizar un cártel de diversidad biológica.

 

Un proyecto piloto en Ecuador procura crear una estructura similar del cártel sobre el conocimiento indígena usado en la etnobioprospección. Así como los países pueden competir en una guerra de precios para la provisión de diversidad biológica en bioprospección en búsquedas al azar, también las comunidades tradicionales podrán competir en una guerra de precios por la provisión de conocimiento útil en etnobioprospección. El proyecto piloto intentará manejar el conocimiento tradicional en una base de datos confidenciales y luego negociará el acceso al conocimiento como un secreto comercial. Las comunidades que depositen el mismo conocimiento en la base de datos participarán en los beneficios de cualquier contrato de etnobioprospección.

 

Recomendaciones generales para el uso exitoso de instrumentos económicos para fomentar el uso sustentable de la Biodiversidad

·         Las áreas protegidas no necesitan ser justificadas en términos de la generación de ingresos ni en términos de los costos de oportunidad de actividades que degradarán los hábitats y amenazarán la diversidad biológica. Los análisis costo-beneficio no pueden resolver el valor de la diversidad biológica, y cualquier cálculo de esta naturaleza es un número sin importancia. Por ésto, se establecen patrones seguros mínimos en forma de hábitats protegidos suficientemente grandes para mantener la viabilidad genética a largo plazo. Todos los hábitats del país deberían estar representados en áreas protegidas.

·         Internalizar cuántos beneficios externos de las áreas protegidas se pueda, para aliviar las presiones económicas y políticas que relajen los patrones seguros mínimos.

·         Existencia es el recurso más grande, a corto plazo, de rentas para áreas protegidas. Analizar la estructura legal y fiscal tanto en el país donante como en el receptor para facilitar dichas transferencias.

·         Ecoturismo también puede generar rentas significativas en corto plazo para hábitats protegidos. Deben establecerse precios de entrada de forma analizada para maximizar las rentas del turismo extranjero. Los nacionales deben pagar un precio menor en orden de inculcar un “perfil verde”.

·         El capital natural debe ser asegurado tal como si fuera uno hecho por el hombre. Una fuente para pagar por tal seguro es a través de cargos justos por el uso de áreas protegidas.

·         La elección entre impuesto o tarifa al usuario debe hacerse en base a cada caso. El desembolso de rentas por impuesto debe ser parcialmente indexado al rendimiento del medio ambiente.

·         El conocimiento sobre especies útiles, nativas al bosque secundario deberá ser sistematizado. Los gobiernos y las agencias multilaterales deben conocer la naturaleza pública de dicho conocimiento y subsidiar su creación y diseminación. La agricultura sustentable requiere de rigor científico.

·         Sin un cártel entre los oferentes, la bioprospección no generará rentas significativas debido a una guerra de precios. La justificación para tal oligopolio es idéntica a la justificación económica para monopolizar patentes. Los gobiernos deberán subscribir un Protocolo Especial al Convenio de Diversidad Biológica, el cual institucionalice un cártel sobre la diversidad biológica para bioprospección por búsqueda al azar. Las comunidades tradicionales deben hacer lo mismo para el conocimiento sobre diversidad biológica y negociar el acceso a dicho conocimiento como un secreto comercial en acuerdos de transferencia de material.

 

 

Introducción

 “La economía contemporánea está en bancarrota”

E. O. Wilson (comunicación personal, 24 Mayo, 1993).

 

Esta concisa declaración pudo haber sido descartada fácilmente por los economistas más convencionales si no hubiese sido emitida por quien es, quizás, el más sobresaliente naturalista de este siglo-Profesor Edward Osborne Wilson de la Universidad de Harvard. Considérense las credenciales de Wilson: autor o coautor de cientos de artículos científicos, así como de varios textos de importancia en biogeografía, biología de la conservación, entomología y sociobiología; editor de media docena de colecciones altamente reconocidas en varios campos de la biología; popularizador de su propio trabajo técnico en prosa elegante aclamada internacionalmente; y receptor del Premio Pulitzer (dos veces), de la Medalla Nacional de Ciencias, y del Premio Crafoord de la Real Academia Sueca de Ciencias (a veces denominado el Nobel de Medio Ambiente). Por consiguiente, la declaración de Wilson de que la economía contemporánea está en bancarrota no puede ser tomada a la ligera. Y desde luego, ésto casi constituye un grito de guerra: La Biología de la Conservación contra la Economía Ortodoxa. Este Informe Preliminar intentará demostrar que Wilson está totalmente correcto en el corto plazo: la aplicación de la economía ortodoxa refleja una ambición inalcanzable y una insolvencia en la comprensión de la complejidad biológica. La alternativa, defendida por Wilson (1993, 310), se presenta más modesta: “... patrón seguro mínimo, que trata a cada [especie] como un recurso insustituible para la humanidad, que hay que preservar para la posteridad a menos que los costos sean insoportablemente elevados”. Sin embargo, en el largo plazo, probablemente Wilson esté equivocado respecto tanto a la quiebra de la economía, como a la alternativa abordada: eventualmente nuestro entendimiento sobre la complejidad biológica, permitirá la aplicación de la economía ortodoxa para determinar la distribución óptima de diversidad biológica y, para ponerlo burdamente, su extinción.

Aunque el mundo biológico es inmensamente complejo, tanto desde la perspectiva macro (relaciones complejas entre decenas de millones de especies), como desde la perspectiva micro (mil millones de pares secuenciales de nucleótidos en el genoma de cada una de dichas especies), éste es, no obstante, finito. Nuestra ignorancia científica con respecto a las complejidades macro y micro, implica que el criterio de optimización de la economía ortodoxa no puede ser aplicado a la diversidad biológica en el corto plazo-la información simplemente no existe todavía-pero, esperemos, algún día existirá, y entonces la teoría económica será capaz de brindar asistencia.[1][1] Lamentablemente, los economistas ortodoxos rara vez admiten que la información necesaria para aplicar sus criterios, o bien es inalcanzable actualmente o es prohibitivamente cara; la tendencia ha sido aplicar los criterios con base en la información disponible en el momento. Como resultado se presentan sesgos: la madera, el ganado y las represas son valores medibles y pueden ser relativamente fáciles de monetizar; los valores de amenidad, de comodidad, de moralidad que conlleva la diversidad biológica (Norton 1988) son elusivos e intrínsecamente difíciles de monetizar, por lo que han sido, y son convenientemente, ignorados. No debe sorprendernos que el análisis costo-beneficio de la madera, y de otros proyectos, arroje beneficios netos positivos, en gran medida porque no se considera a la diversidad biológica dentro del cálculo respectivo-lo que equivale a contabilizarla como cero. Parecería que parte del desdén de Wilson por la profesión de los economistas se origina en esta apreciación parcializada: “Los estudios de costo beneficio siempre subestiman los beneficios netos que las especies pueden conferir, puesto que es mucho más fácil medir los costos de la conservación que las ganancias finales, incluso en unidades puramente monetarias. Las riquezas están ahí, inactivas en la naturaleza a la espera de ser usadas por nuestras manos, nuestra inteligencia, nuestro espíritu. Sería una insensatez dejar que una especie cualquiera muriera por usar únicamente el criterio del rendimiento económico, por potente que éste sea, simplemente porque resulta que el nombre de esta especie está escrita en tinta roja” (1993, 310).

 

Antes de profundizar el enfoque más humilde, que empieza con patrones seguros mínimos y, que sólo busca replicar aquellos instrumentos económicos exitosos en el uso sustentable de la diversidad biológica, se debería primero entender la posición extrema que pondría cada pieza de la diversidad biológica en subasta con otros bienes privados y públicos para la determinación del nivel óptimo de extinción. ¿Qué dice exactamente la teoría ortodoxa? En una economía formal, la existencia de  diversidad biológica caería bajo el rubro de un bien público: el consumo de un individuo no priva a otro del consumo simultáneo del mismo bien. La distribución óptima de dicho bien público vis-à-vis el bien privado fue resuelto por Samuelson (1954) en lo que mundialmente es considerado un trabajo clásico: “The Pure Theory of Public Expenditure” (La Teoría Pura del Gasto Público). En el caso de la diversidad biológica, se debería proteger suficiente hábitat mínimo crítico para asegurar la viabilidad genética de sus habitantes evitando una posible endogamia. Por tanto la diversidad biológica no es un bien público per se,  sino las reservas suficientemente extensas que permitan la continua evolución de las especies  existentes allí (Terborgh, 1992, Whitmore, 1990). La condición de Samuelson para la combinación óptima de reservas sustentables (r) versus la próxima alternativa más rentable, dígase, madera (t) mediante tala rasa[2] se puede expresar como sigue:

n

åTMSrt= TMTrt   Ecuación (1)

í=1

donde

TMSrt=UMr/UMt

TMTrt=CMr/CMt

La letra Griega mayúscula, sigma (å), indica la sumatoria de n personas contando desde el primer individuo, i=1. La TMSrt es la tasa marginal de sustitución de las reservas por madera, que es igual a la proporción de la utilidad marginal de las reservas sobre la utilidad marginal de la madera. La TMTrt es la tasa marginal de transformación de reservas por madera, y es igual a la proporción del costo marginal de proveer una unidad más de reserva Cm, sobre una unidad más de madera, CMt. En buen y claro español, la condición puede responder a la pregunta, ¿cuántas hectáreas de reserva se estaría dispuesto a sustituir para sacrificar tanta cantidad de madera? En una sociedad competitiva, las reservas deberían expandirse o contraerse hasta que el valor de la sumatoria de las tasas marginales de sustitución de las reservas por madera entre todos los individuos decrezca e iguale la tasa marginal de transformación de las reservas por madera. Este resultado es más fácilmente comprensible cuando las tasas marginales de sustitución y las tasas marginales de transformación se expresan en términos de precios. Por lo tanto, la tasa marginal de sustitución se convierte en la disposición a pagar de todos los individuos, y la tasa marginal de transformación se convierte en el costo de provisión de la reserva, ambos en términos de unidades monetarias.

Se puede descomponer el grupo de disposición al pago del lado izquierdo (LIZ) de la ecuación, en actividades individuales sustentables que pueden ser generadas por la reserva en forma de: donaciones, ecoturismo, cuota a usuarios por aprovechamiento de agua, prevención de la erosión del suelo, fijación de carbono, extracción de productos no maderables, agricultura sustentable y bioprospección. Así como la existencia de la reserva generaría estas externalidades positivas, la deforestación de la zona generaría externalidades negativas. Ahora, la inclusión del valor negativo de las externalidades expresado en términos monetarios en el LIZ o en el lado derecho (LDE) de la ecuación, es en gran medida una cuestión de distribución de los derechos de propiedad. Por ejemplo, ¿tiene la gente río abajo derecho a agua limpia y a la pesca endémica en ríos profundos?, considerando el hecho de que, río arriba se genera sedimentación y se extinguen los peces. Si la respuesta es afirmativa, entonces las operaciones madereras existentes no son óptimas considerando que la TMT debería ser menor mientras utiliza más recursos (el valor de la sedimentación) para crear madera (el CMt del denominador incrementa) y por lo tanto, la TMT es reducida, y el LIZ>LDE. El consejo económico sería incrementar el número de reservas hasta que la utilidad marginal decreciente sea establecida como reservas y el LIZ decline para igualarse al LDE o, concomitantemente, hasta que las rentas decrecientes y los crecientes costos sean establecidos como la creación de reservas, dándose un aumento en el LDE, y así la igualdad se restablezca.

Ahora considérese una distribución opuesta de los derechos de propiedad: ¿Cuál es la implicación en la distribución óptima cuando los dueños de las propiedades río arriba tienen derecho a extraer madera sin compensar a aquellos río abajo por la subsecuente sedimentación en el río y la extinción de los peces? ¡Quizá, sorpresi-vamente, la respuesta no es opuesta! Puede que todavía hayan provisiones no óptimas de reservas hasta el punto de que cada persona río abajo tenga un incentivo para no revelar su verdadera disposición a pagar a las personas río arriba para que no talen su madera. El comportamiento egoísta, supuesto clave de toda la economía, predice que cada víctima río abajo intentará sacar ventaja (en inglés: el problema del free rider) de la disposición de sus vecinos río abajo a pagar por el mismo bien público que ellos disfrutan. Cuando suficiente gente actúa bajo esta modalidad racional, como resultado surge una suboptimización, y se dan menos reservas que las que resultarían si todos hubieran expresado su verdadera disposición a pagar. La solución al problema de externalidades y del usuario que no paga es, o bien la internalización de beneficios y costos, primero articulada por Coase (1960) y desde entonces referida como la solución Coasiana, o el Estado interviene con impuestos y subsidios para estimular las condiciones óptimas, primero articulado por Pigou (1949) y desde entonces referida como la solución Pigouviana

La simplicidad de la condición de Samuelson para la provisión óptima de bienes públicos es tan convincente como engañosa. En la medida que el modelo se deriva lógicamente de unos pocos supuestos básicos en cuanto a la racionalidad y al comportamiento egoísta, el modelo es valioso y puede servir para diferentes culturas y circunstancias. En la medida en que el modelo implícitamente asume la reversibilidad de las decisiones y la estabilidad de las preferencias, es inapropiado para bienes que pueden extinguirse o que puedan durar más que las preferencias en base a las cuales se calculó la åTMSrt. Por lo tanto, se puede aceptar la economía ortodoxa mientras ésta sea aplicada en ciertos campos de distribución de recursos, y rechazarla en la medida en que ésta se aplica a otros. El criterio para “aceptar/rechazar” es la “satisfacción/no satisfacción” de los supuestos escondidos: la reversibilidad de las decisiones y la estabilidad de las preferencias. Considerando que ninguno de éstos se cumple en el caso de la diversidad biológica, el modelo debe ser rechazado. Esta enfática afirmación está basada en la irreversibilidad de la extinción y en la inestabilidad de preferencias que impactan la diversidad biológica y merece  mayor explicación.

 

La Irreversibilidad de la Extinción

La economía contemporánea es la elaboración de la aplicación que se hizo en el siglo XIX de una metáfora tomada del siglo XVII de la mecánica al mundo actual de las transacciones comerciales. (véase Mirowski, 1988). Si bien, los economistas ortodoxos incluso reconocen la naturaleza no histórica de su metodología, ésto no parece preocuparles mucho (véase, por ejemplo, Solow, 1974). Tal vez su ambivalencia se deba a que la reversibilidad intrínseca en la metáfora Newtoniana no tiene mayor importancia en la mayoría de las circunstancias. Por ejemplo, si sobrestimamos o subestimamos la provisión óptima de, dígase, escuelas, y el LIZ LDE en la condición de Samuelson, siempre podemos, en este caso, corregir nuestros errores y reajustarlos hasta conseguir el nivel óptimo (aunque, aún aquí, hay pérdida irreversible de desarrollo infantil). Sin embargo, en el caso de la diversidad biológica, si subestimamos las provisiones óptimas de reservas, entonces no podremos corregir nuestros errores porque, según afirma el cliché, "la extinción es para siempre." La inferencia lógica es un principio de precaución que preservaría todas las especies (Myers, 1992)[3][3]. En el ejemplo anterior, el principio de precaución se traducirá en una virtual interrupción de casi toda la actividad operacional maderera en hábitats primarios. Aunque ni a la industria maderera ni a los muchos consumidores les gustaría este resultado, éste no puede ser tachado de antieconómico en cuanto que la teoría ortodoxa no dispone de la información necesaria para resolver lo que sería una provisión óptima de reservas o de madera conforme la condición de Samuelson.

 

La Inestabilidad de las Preferencias

La economía neoclásica asume que “las preferencias de los individuos importan” (Samuelson, 1947, p. 223) y que la función de utilidad es exógena[4][4]. Sin embargo, a lo largo de cientos de generaciones humanas, las preferencias no han sido estables, mientras que en comparación, la biosfera sí lo es. La duración de las preferencias humanas puede ser medida en cientos de días (p.ej., la moda en muebles) mientras que la duración de una cronoespecie es medida en cientos de miles de años (p.ej., la evolución vertical desde Homo erectus hasta Homo sapiens). Basado en el antecedente de la evolución biológica paulatina, la evolución cultural rápida de las preferencias es inestable. Por ejemplo, uno imagina que la canasta de bienes y servicios que, digamos, los Visigodos demandaron en la Iberia Pre-Romana era bien distinta de la de un español moderno, y aún, si no hubiese sido por la intervención humana en la transformación del paisaje español (desde un bosque templado hasta los matorrales), la diversidad biológica se habría mantenido casi igual.

La inestabilidad de las preferencias es apenas una de las justificaciones para el principio de precaución basado en la formación de preferencias. Si bien las preferencias son inestables a lo largo del tiempo biológico, esto no significa que sean impredecibles. A través de las etapas del desarrollo económico, se puede observar un patrón de preferencias en favor del ambiente. En la fase de la organización económica caracterizada por la cacería-recolección el medio ambiente es, a menudo, reverenciado y sagrado. En las etapas de desarrollo de la agricultura y de la industria, los tabúes se descartan y la naturaleza se convierte de repente en algo para conquistar y domesticar. En las etapas post industriales de la economía, la naturaleza es vista como algo para manejar y disfrutar. Sin el principio de precaución, parecería que el valor presente neto de los beneficios, de todos las etapas del desarrollo económico, no será maximizado si la humanidad se ve obligada a pasar por una etapa de desarrollo destructiva (para un argumento similar, véase Krutilla, 1967).

 

La Alternativa Humilde para la Economía en Bancarrota

Dados los siguientes hechos sobre la diversidad biológica:

·       la complejidad macro y micro

·       lo difuso de las externalidades negativas resultante de la destrucción de hábitats

·       el descarado aprovechamineto por los beneficiarios (free riding) de las exter-nalidades positivas de la conservación de hábitats

·       la irreversibilidad de la extinción

·       la inestabilidad de las preferencias humanas a través de las generaciones

·       las preferencias de largo plazo por la preservación en las diferentes etapas de desarrollo

·       y la inmensidad de la escala de la actual crisis de extinción en masa

parece conservador suponer que la humanidad ha excedido muchísimo lo que sería la tasa óptima de extinción conforme a la condición de Samuelson, si hubiera existido toda la información necesaria para hacer dichos cálculos. Para ponerlo en términos de la antes mencionada ecuación, el LIZ>>LDE. Por ende, la solución de corto plazo es conservar cualquier diversidad biológica restante, y generar beneficios económicos del uso sustentable de los hábitats, para aliviar las presiones de un desarrollo destructivo. Esta humilde aproximación establecerá de inmediato restricciones en lo que se puede hacer en el corto plazo y aprobaría solamente aquellos instrumentos económicos que den como resultado un uso sustentable de la diversidad biológica existente. No obstante, este enfoque no es definitivo: éste reconoce que la información referente a las complejidades biológicas se tornará eventualmente disponible y reconoce que algún día la condición de Samuelson para la provisión óptima de bienes públicos podrá ser honestamente aplicada.

La resistencia a establecer y respetar patrones seguros mínimos dignos de confianza será enorme. Inclusive el Principio 15 de la Declaración de Río de 1992, sólo aboga por la adopción del principio de precaución por los países miembros “... de acuerdo a sus capacidades”. Por lo tanto, el reto para la comunidad conservacionista es monetizar tan rápido como se pueda tanto el LIZ como el LDE de la condición de Samuelson. La manera más costo-efectiva  de cumplir con este objetivo es a través del abordaje de estudios de casos. ¿Cuáles han sido las experiencias de otros? ¿En qué medida pueden ser replicadas? ¿Hasta qué punto deben ser adaptadas? Este Informe Preliminar ilustrará instrumentos que han sido empleados para la sustentabilidad de la diversidad biológica a través de seis casos. Cinco de los seis pueden ser calificados como exitosos; en el sexto caso (bioprospección), se mostrará que las condiciones necesarias para el éxito global no existen todavía y que cualquier ejemplo de éxito individual es realmente contraproducente para un éxito global. Aunque cada caso ilustra un valor económico diferente que puede ser generado a partir del uso sustentable de la diversidad biológica, no se debería inferir que solo un valor puede ser capturado en cada caso. Recordemos que el signo sumatoria å en el LIZ de la condición de Samuelson implica que cada hábitat tendrá múltiples usos esparcidos entre muchos individuos; la optimalidad implica la captura en cualquier hábitat dado, de tantos diferentes valores económicos como sean posibles (ver, por ejemplo, Perrings, et al., 1995). Esos valores, en orden de su probabilidad de generar ingresos en el corto a mediano plazo, son los siguientes:

I.       Existencia

II.      Ecoturismo

III.     Servicios Ambientales

IV.     Agricultura Sustentable

V.      Extractivismo

VI.     Bioprospección

 

 

I. Existencia

(No es fácilmente aplicable a los enfoques de un Estudio de Caso)

Aunque los pagos por existencia (valores de opción y de legado) por parte de las naciones ricas hacia las más pobres puede ser el instrumento económico más viable para conservar largas regiones de hábitats y de diversidad biológica, los valores de existencia son también los menos aptos para el abordaje de un estudio de caso. La razón es doble; por un lado dichas transferencias dependen de la estructura legal, tanto dentro del país donador como del receptor; por otra, los mecanismos legales e institucionales existentes inclusive dentro del mismo están en movimiento. Por ejemplo dos proyectos de mérito fueron financiados con un multimillonario canje de deuda por naturaleza en el Ecuador a mediados de los ’80, la Fundación Natura, un instituto de investigación ecológica de alto nivel, y Maquipucuna, una reserva de bosque nublado en la pendiente Noroeste de los Andes. Diez años después, se puede decir que ambos casos fueron indudable-mente exitosos. Sin embargo, no se los puede replicar ni siquiera en el Ecuador. Un estudio sobre cualquiera de los dos casos serviría sólo para estudios históricos. El Banco Central en el Ecuador ha adoptado una posición monetarista estricta que dichos canjes de deuda monetizan la deuda y crean inflación. Por eso, cualquier análisis sobre instrumentos económicos para la conservación, canje de deuda por naturaleza, e incentivos tributarios son tan contextuales dentro del marco fiscal de un país que pocos casos podrán ser duplicados entre los países y otros ni siquiera podrán ser duplicados dentro de un mismo país en fechas posteriores. Se debería analizar los instrumentos económicos para la captura de valores de existencia dentro de un marco teórico económico-legal más amplio en vez de hacerlo en la modalidad de un estudio de caso.

Afortunadamente, existe una excelente guía disponible a través de la Conservation International “Encouraging Private Sector Support for Biodiversity” (Fomentando al Sector Privado para la Conservación de la Biodiversidad [Bowles, et al. 1996]) que puede complementar este informe. Debido a la poca aplicabilidad de los “valores de existencia” para el abordaje de un estudio de caso, el lugar que debería haber sido pcupado en este primer inciso sería reemplazado por un caso adicional en el segundo mayor generador de ingresos, ecoturismo.

 

 

II. Ecoturismo (Caso 1): Precio óptimo de entrada a parques,  Costa Rica

Costa Rica ejemplifica la teoría presentada en la introducción de este informe. El país nunca aplicó una evaluación económica de la diversidad biológica con el fin de calibrar cuánto preservar y cuánto extinguir. En vez de eso, el gobierno impuso una decisión ética, no diferente al criterio de Wilson sobre “patrones seguros mínimos”: aproximadamente el 25% de su territorio nacional sería designado como parques nacionales, bosques y reservas. A lo largo de los seis gobiernos presidenciales pasados, la decisión ha recibido un firme apoyo y las áreas protegidas han sido realmente protegidas; ya no son más los “parques de papel” típicos del Tercer Mundo (Fearnside y Ferreira, 1984). Para transferir la política nacional hacia la diversidad biológica, los líderes del gobierno invocan el lema preciso: “Salvar, conocer, usar”. “Salvar” fue conseguido a través de protección legal y aplicación de la ley desde principios de los 70 en adelante. “Conocer” es un esfuerzo permanente que, dadas las complejidades macro y micro de la diversidad biológica, tomará literalmente siglos de dedicada investigación (un biólogo en Costa Rica estimó que tomará diez años para enumerar todas las especies en una hectárea del bosque lluvioso de Costa Rica [Whitmore, 1986]). “Usar” es la comprensión de los ya mencionados seis valores de la diversidad biológica que puede generar ingresos sin ponerla en peligro, o sea, Existencia, Ecoturismo, Servicios Ambientales, Agricultura Sustentable, Extractivismo, y Bioprospección. En la comprensión de cada uno de estos valores, Costa Rica está en frente de los demás y, si no fuera por el deseo de que existiera una representatividad regional en este informe, todos los seis casos pudieron haber sido sacados de Costa Rica. Semejante logro es un signo de esperanza para cada país en Latinoamérica y el Caribe: el tamaño pequeño, tanto en términos físicos como económicos no es barrera para un programa de bases sólidas en desarrollo sustentable.

El ecoturismo está en el primer lugar del desarrollo sustentable en Costa Rica. En recientes años, el turismo se ha convertido en el más grande exportador, superando tanto al café como al banano. El mayor atractivo de Costa Rica para turistas extranjeros es la belleza de su ambiente natural. Sin embargo, hasta 1994, Costa Rica no había aplicado análisis económico para determinar el precio óptimo de entrada para sus parques nacionales. Esta laguna política no se le escapó al Presidente José María Figueres (1994, 199) quien, en Mayo de 1994, solo un día después de haberse pose-sionado en el poder, sugirió un cambio en la política:

 “Estamos hablando de cobrar adecuada-mente las tarifas de entrada a nuestros parques nacionales. Al turista que viene del exterior y que paga 600 dólares por boleto aéreo para venir a ver, entre otras cosas, el Parque Nacional Manuel Antonio, no tiene ningún sentido que le cobremos por entrada 2,5 dólares. Tampoco se trata que le cobremos en exceso, pero un ingreso de diez, quince dólares por lo que ofrece Manuel Antonio, es muy bajo, y ese ingreso nos permitiría invertir en nuestros parques nacionales. Complementemos eso con un sistema de reservaciones internacionales, porque lo que me preocupa de Manuel Antonio es que está llegando demasiada gente y lo estamos maltratando. Así como muchos reservan su habitación de hotel y su carro antes de venir a Costa Rica, que reserven también su entrada a Manuel Antonio, y entonces que el 80% de la carga turística que soporta Manuel Antonio, sea reservada desde el exterior, y que el restante 20% sea para los que llegan a Costa Rica sin ninguna reservación. Pero que también tengamos una tarifa diferenciada para los costarricenses, sobre todo para los niños y para los jóvenes de los colegios, que deben tener acceso para ver de cerca nuestros recursos naturales.”

Hay mucho tino económico en el comentario del Presidente. Tomemos, por ejemplo, la sugerencia de un sistema internacional de reservaciones. Imaginemos que los consumidores norteamericanos conocen por adelantado que un parque en particular estará repleto y que se les negará la entrada. De hecho, los Parques Manuel Antonio, Irazú, y Poás se están acercando a su capacidad de carga. Por medio de un sistema internacional de reservaciones, los norteamericanos podrían programar sus vacaciones en otro tiempo y, por lo tanto, no solamente que el parque estaría capturando una mayor demanda a través del tiempo (menos gente será excluida) sino que los capitales privados (hoteles, restaurantes, transporte, etc.,) también serían más y mejor utilizados. Alternativamente, el turista podría reservar en otro parque que aún no esté lleno. Cualquier cambio de demanda a otros parques también mejora la utilización de todo el capital. Un sistema de estas características puede implementarse a bajo costo y puede resultar en un tremendo incremento en ingresos. Una vez operativo, los diseñadores de políticas también estarán capacitados para estimar la función de demanda temporal para cada parque, así aumentando la tarifa en temporadas altas y ofreciendo boletos de descuento para temporadas bajas que sería una mejorara en la eficiencia.

La percepción casual del Presidente respecto al precio de entrada también tiene bastante sentido económico. Tres meses después del discurso de Figueres, Gallup de Centro América (1994) publicó su estudio sobre los Parques Nacionales patrocinado por el gobierno. Entre sus múltiples conclusiones estaba la sugerencia de que el precio de entrada debería ser incrementado de USD 1 a USD 4 para turistas extranjeros. El precio de USD 1 para costarricenses se mantendría. El nuevo gobierno actuó velozmente sobre estos resultados y en septiembre incrementó el precio a USD 15 para turistas extranjeros en todo el Sistema de Parques. En un principio, el alza del precio fue vista como un terrible error, tanto política como económicamente. No todos los parques enfrentaban la misma elasticidad-precio de la demanda. La caída repentina de la asistencia causó en alguno de los parques un efecto secundario en las comunidades y un fuerte resentimiento contra el Ministerio de Ambiente y Energía. La reacción inclusive se tornó violenta cuando se expulsó físicamente a un guardaparque en la frecuentada playa del Caribe, Cahuita y se estableció una temporada de admisión gratis al parque. Sin embargo, se sospecha que la sorpresa inicial por el precio de USD 15 fue menos un mal cálculo y más una ingeniosa estrategia de negociación: una vez que la gente ventilara sus iras por el precio alto de USD 15, ellos estarían más dispuestos a aceptar el precio de USD 4.

La política inclusive propició duras críticas por parte de varios expertos en el manejo de parques. Wallace et al, (1995, pp. 6 y 16) expresó la siguiente opinión “[existe la] tendencia de poner demasiado énfasis en la tarifa de entrada, lo cual es solo uno de muchos mecanismos disponibles y necesa­rios para el manejo de visitantes; sin embargo se convierte en el mecanismo más utilizado y de mayor importancia, simple­mente por los ingresos que se perciben, y por lo fácil que es su implementación. No toma en cuenta los impactos negativos cau­sados por usar solo un mecanismo, i.e. dis­criminación hacía ciertos usua­rios....Vale destacar que son poquísimas en el mundo las áreas protegidas que se auto­financian mediante el turismo. Cualquier gobierno que sueñe con esa ilusión está destinado a tener un sistema de áreas pro­tegidas desfi­nanciado, y a largo plazo, no visitado debido a los altos precios”.

Se puede interpretar esa crítica en el len­guaje de la introducción teórica de este informe. La TMS del turismo, apenas uno de los seis valores que puede ser capturado por conservar la diversidad biológica, no debería ser confundida con la suma de todos los seis valores, åTMS. En otras palabras, Wallace et al. están afir­mando en que hay una tendencia entre los diseñadores de políticas en poner igual la TMS de sólo el turismo con la TMT de la Ecuación (1). Claramente esto sería un error. Sin embargo, sería también una equi­vocación económica creer que el precio actual de entrada necesariamente iguale la TMS del turismo. El peor error sería ajustar el tamaño del parque hasta que la actual åTMS iguale la TMT. La humilde alterna­tiva para la economía en bancarrota es alzar cada componente de la TMS hasta que la suma de todos los valores, åTMS, iguale la TMT con el fin de aliviar presiones políti­cas para relajar el patrón seguro mínimo. Para lograr ésto para el componente de la TMS, ecoturismo, se debe promover un “perfil verde” entre los jóvenes costarricen­ses de tal manera que ellos no sólo manifiesten una alta disposición a pagar por la entrada a sus áreas protegidas sino también para que toleren los costos de oportunidad de la política actual que pro­tege el 25% del territorio nacional.

El diferencial de precios en la entrada entre costarricenses y extranjeros puede también ser justificado como subsidio para el primero más que como impuesto sobre el segundo. Más aún, el descuento a costarricenses en el precio de entrada refleja dichos costos de opor­tunidad. Desafortunadamente, no hay ninguna explicación en las entradas del parque del por qué los costarricenses y los extranjeros pagan precios diferentes. Esta omisión puede ser remediada de una forma poco costosa. Un simple rótulo en la en­trada de cada Parque o inclusive en el re­verso del boleto debe rezar en inglés (la lingua franca del turismo): “Durante los últimos veinte años, los costarricenses han subsidiado el Sistema de Parques Nacionales con un estimado USD 2 mil millones de rentas pasadas. De ahí la diferencia en el precio de entrada entre costarricenses y extranjeros. Gracias por su apoyo”.

En discursos públicos, el Ministro de Me­dio Ambiente y Energía, René Castro, perfila una estrategia para los parques que capta mucho del razonamiento anterior. El ilustra la estrategia con una analogía titulada “De la ópera al Estadio”.

 “Las áreas de conservación de Costa Rica deben tener un comportamiento similar al que ha tenido la ópera: público selecto (investigadores, estudiantes, amantes de la naturaleza), que pague por admirar nuestra biodiversidad “Domingo, Pavarotti, y Ca­rreras” en un teatro “área de conservación” a un precio tal que permita mantener el área, su infraestructura , la investigación, los programas de educación y de extensión, y su protección”.

Al principio la analogía puede sonar un poco elitista, sin embargo mientras Castro aborda la analogía, se puede observar que el intento es todo lo contrario:

 “Como también ocurre con la ópera-la popularización de sus estrellas-Costa Rica debe popularizar su biodiversidad, la debe llevar a los estadios y al igual que sucede con los conciertos, los mayores ingresos se recibirán ahí. Esos estadios serán las reser­vas privadas, en la que los turistas que no entienden mucho de biodiversidad, disfru­tarán de ella y de una u otra forma ayudarán a garantizar la permanencia de las áreas.”

La analogía de Castro resonará entre eco­nomistas heterodoxos. Las preferencias no serán vistas más como algo estable y dado, sino como algo maleable y determinístico. En vista de que ciertas preferencias generan externalidades positivas, se justifica la in­tervención del gobierno en darle forma. Hasta los economistas tradicionales no son totalmente indiferentes con este argumento. Por ejemplo el economista Henry C. Wallich (1960; 1965, p. 44) por casualidad, usó la misma analogía de la ópera en su libro The Cost of Freedom  (El Coste de la Libertad): “Considerar que la asistencia a la ópera y una visita a una dis­coteca popular son equivalentes, debido que el mercado les asigna un precio similar, va en contra de mi credo. Lo mismo me pasa con que se iguale el valor de un dólar gastado en educación y el valor de un dólar gastado en el metal de un automóvil. Y un caso plausible probablemente se pueda presentar, sobre las bases de la evolución de las especies, tanto la ópera como la edu­cación representan formas más avanzadas de consumo” (traducción mía).

A través de subsidios selectivos, al go­bierno de Costa Rica le gustaría promover “formas más avanzadas de consumo”. Por eso, el “desarrollo económico” no se debe medir sólo por la típica razón capital-trabajo (K/L) sino también por el creci­miento de un “perfil verde” de preferencias. Ésto se puede vislumbrar a partir de la su­gerencia en el discurso anteriormente mencionado del Presidente Figueres de que la cuota de entrada a los parques sea diferente para los niños y jóvenes de colegio-no importa los ingresos perdidos (cuando el parque alcance la capacidad de carga). Curiosamente, dicha intervención en la formación de preferencias no necesa­riamente contradice un enfoque orientado al mercado para el desarrollo sustentable. Castro admite que el gobierno no es el mejor proveedor de muchos de los servi­cios que son complementarios a las áreas protegidas (i.e., rafting, paseos a caballo, restaurantes, alojamiento, guarderías, opor­tunidades para tomarse fotos con animales, etc.) y el Ministerio ha promovido activa­mente dicha iniciativa en las áreas de los alrededores a través de la Red Costarri­cense de Reservas Privadas (las 100 más grandes cuentan con 150 mil ha. de cober­tura boscosa). Se puede explicar la consistencia lógica de la intervención del gobierno en la formación de preferencias y el abandono del gobierno en servicios complementarios, que el sector privado puede hacer mejor en términos de costo eficiencia. El gobierno está eligiendo acti­vidades que cree que puede hacer mejor: ya que, digamos, el rafting no es costo efectivo, la inculcación de un perfil verde lo es. En la medida en que inculcar es un bien de in­formación con altos costos fijos y bajos costos marginales, la intervención del gobierno tiene un tremendo sentido económico (véase, Agricultura Sustentable [Caso 4], para un argumento similar res­pecto a la generación de conocimiento).

Si bien la decisión de cambiar el precio de entrada de los parques es básicamente el resultado de un proceso político, la decisión de en cuánto cambiar ese precio no puede ser resuelto por la retórica. Debe ser re­suelto por una cuidadosa recolección de información, análisis estadístico, y razo­namiento microeconómico. Desde 1994, el gobierno de Costa Rica ha continuado rea­lizando estudios científicamente rigurosos en los parques para entender la función de demanda para cada parque y cómo generar más ingresos. Por ejemplo, en 1996, el Programa Ambiental de la Universidad de Costa Rica (ProAmbi) publicó una pequeña sinopsis de los resultados de una encuesta titulada “Aspectos más Relevantes de los Resultados del Proyecto de Manejo de Visi­tación”, patrocinado por el Banco InterAmericano de Desarrollo y el Ministerio de Ambiente y Energía (BID-MINAE). Entre los resultados se encuentran los si­guientes: Los modos más comunes para llegar a un parque nacional fueron 51% en carros privados, 18% en transporte público, y 11% en tours. Para los extranjeros, la com­posición varía en 33% en tours, 29% en carros rentados, y 15% en transporte pú­blico. Con el uso de estas estadísticas, el razonamiento micro-económico puede ser desplegado para incrementar los ingresos. Por ejemplo, el método de llegada es muy importante para determinar la disposición a pagar por la entrada. Supongamos que el promedio de extranje­ros pase 8 días en Costa Rica y el precio de su boleto aéreo y del hotel es USD 1.000. Recordemos que el principal im­pulso hacia Costa Rica es la belleza natural del país. En un precio hipotético de entrada al parque de USD 15, con tres parques visi­tados, el precio por un paquete turístico que incluya la entrada a los tres parques, hotel y vuelo aéreo aumentará de USD 1.000 a 1.045. El turista no sentiría dolor y proba­blemente estaría dispuesto a pagar los extra 45 USD (en terminología económica, su demanda es inelástica). Este mismo turista debería también estar dispuesto a pagar los USD 15 de diferencia a la entrada de cada parque si su paquete turístico fuera de apenas USD 1.000, generando el mismo presupuesto para el viaje, USD 1.045. Sin embargo, la gente no demuestra dicha racionalidad ma­temática. Los turistas dudarían más en pagar los extra USD 15 una vez que estén en Costa Rica que si el precio ya hubiera sido incorporado en su paquete antes de su lle­gada. Aunque este comportamiento sea una anomalía para los economistas neoclásicos, es totalmente previsible por un acerca­miento psicológico de Skinner sobre el comportamiento del consumidor (véase Alhadef, 1982). Se debería esperar seme­jante elasticidad tanto en el paquete preparado como en el del turista individual que llega por transporte público (una vez en la puerta, entrarán de todas maneras) pero esto no sucederá con las personas que arriendan autos. La encuesta permite tomar ventajosas decisiones de mercadeo conside­rando precios diferenciales y descuentos.

Otra estadística útil para propósitos de planificación es la percepción de que hay mucha gente en esos parques. Las encuestas en­cuentran que el 82% de los extranjeros y el 71% de los nacionales consideran que ellos encuentran los parques con poca gente o casi sin ella. La mayor incidencia de esta percepción entre extranjeros probablemente refleja las diferentes densidades poblacio­nales entre, por ejemplo, Costa Rica y los países de origen de los turistas (Nueva York, Lon­dres, Amsterdam). ¿En qué punto las multitudes de turistas privan a cada uno de la experiencia de la vida silvestre? Se sospecha que con bastante frecuencia la capacidad de carga social precederá a la capacidad de carga ecológica del parque. Armado con esta información, el gobierno puede adaptar publicidad hacia extranjeros y cos­tarricenses de cuándo es el mejor tiempo para visitar ciertos parques,  distribu­yendo así la demanda e incrementando tanto la utilización del capital, como el disfrute del parque.

 

Todavía hay mucho trabajo que puede hacerse basado en los resultados de la encuesta. Por ejemplo, ProAmbi debe hacer una encuesta de seguimiento para analizar cualquier divergencia entre expectativas y realidad con respecto a las visitas programadas al parque. La encuesta de 1996 relata que el 38% de los turistas extranjeros dijeron que ellos estaban decididos a visitar sólo un parque, el 62% restante estaba pensando en visitar 2 parques o más; de éstos, el 39% visitará más de tres parques, y el 28% visitará más de cuatro parques. Dicha información debería ser mejorada mediante una muestra de turistas escogidas al azar saliendo del país para establecer cuántos parques realmente visitaron durante su estadía. Cuando la cantidad esperada no concuerda con el verdadero número de visitas, se deben buscar las causas y deter­minar si el problema puede ser arreglado en una forma costo-efectiva.  Por ejemplo, si se descubre que la causa por menos visitas con relación a las esperadas es tiempo per­dido en buscar horarios de salidas o paradas del transporte público, el remedio es obvio. A un costo bajo, el Ministerio de Ambiente y Energía puede publicar dichos horarios y rutas de transporte, distribuyéndolos en los hoteles.

Los datos de la encuesta proporcionan no solamente implicaciones de políticas para el mercadeo de los parques existentes sino también implicaciones políticas de cómo el parque debería ser mejorado. Figeroa et. al. (1996) presentaron un análisis econométrico sofisticado de la función de demanda para cada uno de los parques en su informe titu­lado “Evaluación Económica del Proyecto de Inversión para el Sistema Nacional de Áreas de Conservación de Costa Rica” (auspiciado por ProAmbi y el Banco InterAmericano de Desarrollo). La línea base para el análisis fue la demanda del estado actual del parque y lo que hu­biera tenido si se hubieran hecho ciertas mejoras. Los econometristas usaron variables “dummy” para permitirse la com­paración de las funciones de demanda donde los parques eran distintos. Los estu­dios econométricos separaron la demanda privada (disposición a pagar) e incorpora­ron todos los beneficios sociales para ver si, incrementalmente, esa mejora sería provechosa, es decir, åDTMS >DTMT. Un punto importante de resaltar es que los estudios fueron hechos antes que existiera un compromiso de las agencias multilaterales en financiar las mejoras. Sin embargo, si dicho financia­miento se viabilizara repentinamente, el Sistema de Parques podría sacar del porta­folio un proyecto con análisis de apoyo, listo para realizarse. Dicha preparación puede ser también proactiva. Con un porta­folio en la mano, el gobierno puede también vender mejor Costa Rica como destino para dineros internacionales dirigi­dos al desarrollo sustentable.

Volviendo al tema central de este caso, el economista ortodoxo podría preguntarse: ¿Cuál sería el cambio en el ingreso con el cambio en el precio de entrada? Desde el precio inicial de USD 15 para extranjeros, ha sido rea­justado hacia la baja y ahora es USD 5 para extranjeros y se quedó en USD 1 para cos­tarricenses. Para ver cómo este precio incrementado generó más ingresos, sólo se necesita comparar las estadísticas de ingre­sos al Sistema de Parques Nacionales desde que la política se puso en vigencia.  Los ingresos por entrada en 1994 fue de 200 millones de colones (casi 1 millón de USD); en 1995 éste se incrementó a 500 millones (2.5 millones de USD); y en 1996 se estima que alcanzará los 600 millones de colones ( 3 millones de USD). Sin em­bargo, dado el incremento del precio, algunos casos aislados de secuestros, y la contracción del mercado de turismo dada la apertura de Cuba y otros destinos más bara­tos, las visitas en los parques declinaron en un 50% en 1995-96. Entonces se puede ver que a pesar de la caída en la asistencia al Parque del 50%, los ingresos se han incre­mentado, de todas maneras, ¡tres veces! Desde el punto de vista del incremento de ingresos, éste es un éxito rotundo.

Para más información acerca del Sistema Nacional de Parques, favor ponerse en contacto con:

Karla Ceciliano, Gerente, Fundación de Parques Nacionales y Asesora

Ministro de Ambiente y Energía.

Apartado Postal 1108-1002

Paseo de los Estudiantes

Telf 506 381 6248 ó al 257-2239

FAX 506 222 4732

email: mcabezas@cariari.ucr.ac.cr

 

Ecoturismo (Caso 2):  El Parque Marino Saba, Saba, Antillas Holandesas.

La economía de la preservación de arrecifes se presta bien al marco teórico presentado en la introducción. Los arrecifes generan múltiples externalidades pocas de las cuales tienen la capacidad de ser inter­nalizadas. La más sobresaliente de éstas es también la más difícil de internalizar: el valor de existencia de su infinita belleza y el servicio de criadero para pesquerías más allá del arrecife. Para calcular el valor de existencia de los arrecifes, se debería medir la disposición a pagar en el contexto de las fronteras internacionales a través de la téc­nica conocida como valoración contingente (véase Hanemann, 1994) y después proyec­tar mecanismos para fijar pagos y distribuir ingresos. Dada la infancia teórica de tales técnicas y de la tendencia al estancamiento o disminución de la ayuda extranjera por los gobiernos del Primer Mundo, los pros­pectos no parecen muy promisorios para institucionalizar los valores de existencia. No es más prometedor internalizar el ser­vicio de incubación de los arrecifes. Éso requerirá investigar el origen del pez y coordinar las compensaciones con aquellos quienes se beneficien en otras jurisdiccio­nes o en aguas internacionales. Debido a que las corrientes oceánicas dis